Escritora: Dra. Cynthia Lua Alvarez (’07, M.A. ’08, Ph.D ’16)

First Year Experience, UCLA

Una estudiante universitaria de primera generación, la Dra. Cynthia L. Alvarez vio a sus padres experimentar la universidad junto a ella. Ver a sus padres sentir una montaña rusa de emociones mientras navegaban por la universidad inspiró su trayectoria de investigación, resultando en años trabajando y escribiendo sobre el acceso a la universidad con un enfoque particular en los padres. En esta pieza dirigida a padres de estudiantes universitarios de primera generación, la Dra. Alvarez comparte lo que deben esperar, cómo prepararse emocionalmente para la transición y cómo seguir siendo solidarios y positivos cuando las familias de primera generación se embarcan en un viaje emocionante e importante hacia una título universitario.

 


De vez en cuando rio con mi madre sobre cómo lloraba cada vez que ella y mi padre me dejaban en mi dormitorio después de regresar de un largo viaje desde Indio, California. Cada mes – y a veces cada dos semanas – mis padres manejaban dos horas y media el sábado por la mañana, me recogían en mi dormitorio en UCLA, conducían las dos horas y media de regreso a casa y lo mismo ocurría la mañana siguiente cuando me llevaban a la universidad. Nos extrañabamos, pero porque no podían darse el lujo de quedarse en un hotel de Los Ángeles, esta era la única opción que teníamos si queríamos pasar tiempo juntos. Cuento esta historia para resaltar que la experiencia universitaria no es simplemente la trayectoria de un estudiante, sino una trayectoria familiar. Mi madre ahora ríe cuando escucha esta historia, pero en retrospectiva, entiendo que sus lágrimas eran una muestra de las dificultades que encontraron cuando se embarcaron en la experiencia universitaria con nosotros.

En mi trabajo como investigadora y profesional, he hablado con cientos de padres de estudiantes universitarios de primera generación. Ellos comparten historias de entusiasmo, esperanza y preocupación, y me bombardean con preguntas, tales como “¿Cómo es que mi estudiante podrá encontrar un trabajo mientras está en la universidad?”, “¿Mi estudiante estará bien?”, “¿Qué pasará si lo lastiman?,”y “¿Qué pasa si su compañero de habitación no es el indicado para ellos?” Estas preguntas son frecuentes, pero cuando se combinan con el hecho de ser estudiantes universitarios de primera generación, estas preguntas son la causa de estrés, angustia y confusión. En mis respuestas comparto que los planteles universitarios contratan a estudiantes, tienen clínicas de salud, poseen administradores y el personal residencial que están increíblemente bien entrenados en caso de emergencia, y que hay comedores, tiendas de comestibles y despensas de comida por todas partes. Esto calma sus preocupaciones, pero siempre hay mucha más información que compartir sobre la experiencia universitaria.

 

Para todos los padres de estudiantes de primera generación que lean esto, sepan que este es un momento en el que usted y su estudiante serán desafiados y recompensados. Su estudiante tendrá una curva de aprendizaje mientras intenta equilibrar su vida social y académica. Aunque su estudiante no siempre estará en clase, la mayor parte de ese “tiempo libre” será utilizado para estudiar y usar recursos universitarios, tales como tutorías, horas de oficina de los profesores y medios de investigación. Aunque ustedes estén acostumbrados a verlos cada fin de semana, tal vez no puedan regresar a casa para el cumpleaños de una tía o el bautizo de un sobrino debido a la necesidad de estudiar para los exámenes parciales o finales, escribir un ensayo o participar en un grupo de estudio. A veces, ir a casa puede ser una distracción ya que su estudiante ha desarrollado una estructura de tiempo que ya no puede ser compatible con la suya.

Esto es perfectamente normal – confíe en que su estudiante también los extraña y que el no ir a casa es un sacrificio para ellos también. Manténganse enfocados en las razones positivas por las cuales no pueden visitarlos: obtener buenas notas en sus cursos, tener el tiempo necesario para alcanzar su mayor potencial y, en última instancia, obtener su título universitario. Sepa que hay muchas maneras en las que usted puede apoyar a su estudiante – y a usted mismo – a descubrir la experiencia universitaria juntos.

Sea paciente. Comprendan que los estudiantes pueden estar pasando por un período difícil de ajuste a medida que aprenden las exigencias de la academia. La universidad puede ser un choque cultural para ellos, y este período puede pesar en ellos un poco, ¡pero usted es una fuente de apoyo importante! Comparta las historias acerca de cómo usted ha perseverado a lo largo de su vida (es decir, mudarse a un país nuevo o ciudad, etc.). Recordatorios tales como “Si Se Puede” ayudan a inspirar a ambos y afirmar que el éxito en la universidad es posible. Usted le ha proporcionado a su estudiante ejemplos de dedicación durante muchos años – use eso como estímulo para su estudiante. Aunque no haya asistido a la universidad en los Estados Unidos y pueda sentir que no puede identificarse con la experiencia de su estudiante en la universidad, ustedes entienden y valoran la dedicación, perseverancia, determinación y el sacrificio. Por último, hable con otros padres cuyos estudiantes han asistido a la universidad. Si es posible, asista a cualquier taller relacionado con la universidad. Encontrar una comunidad de apoyo es invaluable durante este viaje y le ayudará a aumentar el apoyo que le da a su estudiante.

Al igual que para mis padres, nuestro tiempo en la universidad estaba plagado de preocupación y lo desconocido. Sin embargo, a pesar de la montaña rusa emocional en la que estábamos, hicimos nuestro mejor esfuerzo para centrarnos en los aspectos positivos de la experiencia. Es importante que como familia y comunidad de estudiantes universitarios de primera generación, recordemos que su estudiante va a la universidad no sólo para culminar su trabajo, sino también el suyo. Juntos, están dando un paso que influirá a los hermanos menores (a veces mayores también), primos y amigos. Como mis padres solían decir, “Nada bueno en la vida es fácil.” ¡Fuerzas y adelante!